La ley como el amor

Posted: 30 de mayo de 2011 by Talita in
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La Ley, dicen los jardineros, es el sol,
la Ley es aquello
que todos los jardineros obedecen
mañana, ayer, hoy.

La Leyes la sabiduría de los viejos,
rezongan lánguidos los abuelos impotentes;
los nietos sacan una lengua atiplada,
la Ley es la razón de la juventud.

La Ley, dice el sacerdote con mirada piadosa,
explicándose ante una congregación impía,
la Leyes las palabras en mi piadoso libro,
la Ley es mi púlpito y mi campanario.
La Ley, dice el juez con su mirada de menosprecio,
hablando con claridad y suma dureza,
la Ley es como ya os dije,
la Ley es como, supongo, sabéis es
la Ley, pero dejadme que os lo explique otra vez,
la Ley es La Ley.

Sin embargo, los eruditos cumplidores de la ley escriben:
la Ley no acierta ni se equivoca,
la Ley no es más que crímenes
castigados por lugares y épocas,
la Ley es la ropa que llevan los hombres
en cualquier momento, en cualquier lugar,
la ley es Buenos Días y Buenas Noches.
Otros dicen, la Ley es nuestro Destino;
otros dicen, la Leyes nuestro Estado;
otros dicen, otros dicen
la Ley ya no existe,
la Ley ha desaparecido.

Y siempre la muchedumbre furiosa y vociferante,
muy furiosa y muy vociferante,
la Ley somos nosotros,
y siempre el débil idiota débilmente Yo.

Si nosotros, cariño, sabemos que no sabemos más
que ellos sobre la Ley,
si yo no sé más que tú
qué deberíamos y no deberíamos hacer
salvo que todos aceptamos
de buen grado o por fuerza
que la Ley es
y que todos lo sabemos,
si por tanto pensando que es absurdo
identificar la Ley con otra palabra,
a diferencia de tantos hombres
no puedo decir que la Ley es otra vez,
no más que ellos podemos sofocar
el deseo universal de descubrir
o zafarnos de nuestra propia situación
hacia una condición indiferente.

Aunque al menos puedo limitar
tu vanidad y la mía
a expresar tímidamente
una tímida similitud,
alardearemos de todos modos:
como el amor, digo yo.

Como el amor que no sabemos dónde o por qué,
como el amor que no podemos imponer ni abandonar,
como el amor que a menudo lloramos,
como el amor que rara vez conservamos.


Wystan Hugh Auden

Mújer-pájaro en el círculo del sol

Posted: 25 de julio de 2010 by Talita in
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 Llegaré silenciosa
a posarme en mi cuerpo como un sueño
de altura de mi ser

Llegaré con las alas del invierno
a beber de mi sombra
el arroyo de lágrimas del tiempo
y a alcanzar
en tres límpidas vueltas por el cielo
el verano profundo de la voz
las palabras de fuego y de silencio
gorjeos en el sol

Llegaré picotazo de la noche
y aletazo del día
plumas blancas
sobre el rojo temblor

Arañando mi tiempo
en la más alta torre del vacío
mamaré de la sangre de mi pecho
una alquimia de luz

Llegaré despojada
desasida
deshaciendo los nudos de mis años

Llegaré misteriosa
desatando mis trenzas sobre el mundo
yo
mujer
en el círculo del sueño:

con las alas abiertas
planear sobre la muerte
renacer

Silvia Guiard

A mi viejo

Posted: 14 de julio de 2010 by Talita in
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El dolor y la muerte son la materia de mi pensamiento
la servidumbre que me impone. (¿Noche
del sentido?) La ausencia
de luz es también luz una forma de ausencia
que a esta hora avanzada bajo el cielo de julio
(el calor asfixiante de este cuarto en que escribo)
mi pluma cambia en voluntad. El azul ilusorio
de un mundo que en mí juega su representación
borra la imagen de mi cuerpo un brillo inaccesible.
En el variable flujo de las cosas
no somos sino un punto ese ojo ciego
que interpreta el enigma el ojo huye del sol
(deja el espejo intacto) para resurgir
del fantasma del padre que mi risa destruye.
Un sacrificio sin víctima ni altar
esta vulgar historia que se descompone
(la historia de mi tiempo, mi memoria real)
como en su mano el hombre por quien la mano existe.
Miro el cielo entre muros una informe penumbra.
Soy como el sabio en el sillón sombrío.
La renuncia a un lenguaje que nos retardara
descubre la impostura de morir.

Jenaro Talens.

Dulces sueños pequeño ángel...

Amor condusse noi ad una morte

Posted: 13 de julio de 2010 by Talita in
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Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.

Amar es reconstruir, cuando te alejas,
tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia.

(...)

Amar es una sed, la de la llaga
que arde sin consumirse ni cerrarse,
y el hambre de una boca atormentada
que pide más y más y no se sacia.

Amar es una insólita lujuria
y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos,
dejar que el sueño invada nuestro cuerpo
como un río de olvido y de tinieblas,
y navegar sin rumbo, a la deriva:
porque amar es, al fin, una indolencia.

Xavier Villaurrutia 

Cuentos

Posted: 8 de julio de 2010 by Talita in
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"No escribo para salvar a la humanidad,
escribo para salvarme a mí mismo"

Henry Charles Bukowski


Hay cuentos en los que quisiéramos entrar y arroparnos suavemente con sus imágenes. Son como cobertores en invierno; leerlos nos hace sentir esa tibieza que se rehúza al razonamiento de si es tierno o no, rosa o negro, amoroso o cruel. Son cuentos.

Será quizás la infancia que se niega a abandonarnos o será ese instinto de supervivencia que nos guía a no dejarla ir. Solo se que no hay mejor arrullo que el de un cuento.

Cortázar ha escrito aquellos que han contagiado en mí el deseo de escribir, aunque la verdad es que él me ha dado algo que nunca imaginé tener: un arma para salvarme. En los peores momentos escribo. Tal vez nunca se lean aquellas líneas que escondo celosamente. No importa. Estamparlas en ese papel me salva, literalmente; y solo eso cuenta.

En los momentos de felicidad escribo también, aunque la mayoría de las veces no siento que valgan la pena y entonces los muestros. Pego mis escritos por doquier y, al mejor estilo cronopio, bailo tregua y català sin importarme el qué dirán. 

Ahora, que estoy en un tiempo indefinible, y paso de la más completa felicidad a la tristeza más abismal. Escribo. Escribo a escondidas, a oscuras. Nadie lo sabe. Nadie lee esas palabras. Pero me salvo y eso es, finalmente, todo lo que cuenta. 

Requiem

Posted: 7 de julio de 2010 by Talita in
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El crucificado planeta Tierra,
debería encontrar una voz
y sentido de la ironía
para poder decirnos 
ahora que ya hemos abusado de él: 
"Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen".
La ironía sería 
que sí sabemos
lo que hacemos.
Cuando el último bicho viviente
Haya muerto por nuestra culpa
qué poético sería 
si la Tierra pudiera decir 
con su voz alzándose
tal vez
desde el fondo del Gran Cañón
"Se acabó. 
A la gente no le gustaba estar aquí".

Kurt Vonnegut

Talita Cumi

Posted: 6 de julio de 2010 by Talita in
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Pequeña centinela,
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,
y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,
y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro
laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es el revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,
o te amedrenta el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.

Olga Orozco